agua comenzara a bajar”, dice Sofía. “Sabíamos que teníamos que tener fe; si no la teníamos, el milagro no ocurriría. El momento más
feliz fue cuando abrimos los ojos y el nivel
del agua había bajado”.
Y siguió bajando. Poco después, su padre
salió afuera para preguntar si estaban bien.
Ya estaba oscuro así que volvió a entrar en
la casa, buscó una vela y, con gasolina, hizo
una antorcha para que los vecinos supieran
que la familia estaba en la casa.
Un vecino vio la antorcha y fue a ayudarlos. Ayudó a las jovencitas a bajarse de los árboles y con el hermano Torres movieron los
objetos que estaban obstruyendo la puerta
de la habitación donde estaban la hermana
Torres y Elizabeth. Esa noche la familia se
quedó con un pariente.
Dado que estaba oscuro cuando se fueron, la familia Torres no sabía cuánto daño
había sufrido su casa. El lunes por la mañana,
regresaron y descubrieron que lo habían
perdido todo.
Sin embargo, no se quejaron. “Sabíamos
que el Señor da y el Señor quita”, dice el
hermano Torres (véase Job 1:21). Aunque
su casa y sus pertenencias habían quedado
destruidas, la hermana Torres dijo que “simplemente nos sentimos agradecidos porque vimos las ventanas de los cielos abrirse para
nosotros”, porque sus vidas fueron preservadas y por las bendiciones que vinieron
después.
Muchas de esas bendiciones llegaron
mediante la generosidad de miembros de
la Iglesia de Costa Rica. El jueves la familia
ya estaba recibiendo camas y otros muebles,
alimentos, ropa y otros artículos necesarios
de miembros de las varias estacas de la zona
de San José. Cuatro días después de eso, la
familia encontró otro lugar donde vivir.
“Aprendimos que Dios nos muestra Su
amor usando a otras personas”, dice la hermana Torres. “Fueron tantas las personas,
tantos los hermanos y las hermanas que ayudaron en esa ocasión. Sentimos tanto amor.
No teníamos ninguna razón para preguntar:
‘¿Por qué a nosotros?’”.
“Fue un milagro que sobreviviéramos todos”, dice el hermano Torres. “Sin duda, la fe
de nuestra familia ha aumentado. Sé sin duda
que Dios vive y nos ama”.
La hermana Torres agrega: “Desde hace
mucho tenemos un lema familiar: ‘Dios está
en los pequeños detalles de nuestra vida’.
Después de nuestra experiencia, estamos seguros de eso. El Padre Celestial nos conoce.
Él contesta nuestras oraciones”. ◼

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